DIRECTIVA 1960-1961

Presidente: JUAN SOLER HERRERO
Vice-Presidente: FRANCISCO PÉREZ TOMÁS
Secretario y Tesorero:
ANTONIO NAVARRO GIL
Vocales:





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SEBASTIÁN IBÁÑEZ
FRANCISCO MARTÍNEZ
BERNARDO BELDA
MIGUEL VALERA VARGAS
FULGENCIO IBÁÑEZ
LUCIANO ARRÁEZ
RAFAEL CAMARASA
JUAN RUESCAS



JUAN SOLER HERRERO, nació el 27 de Mayo de 1919. Curioso fue el caso de este presidente que lo fue sin figurar en las listas como socio. Era yerno de Pedro López «El Centeno» (1893-1955) —un auténtico baluarte de la Comparsa de Moros Viejos desde principios de siglo hasta el año 1954 que fue el último que salió— y aunque él no llegó a salir de Moro nunca, sí vestía a su hijo Juan Francisco desde muy pequeño, y en vez de hacerse socio él mismo, apuntó a su hijo Juan Francisco para que con el tiempo pudiera tener un número bajo, así fue como este niño con unos 3 años —año 1954— ya constaba como socio de nuestra comparsa. Desde que empezó a salir su hijo siempre iba pendiente de éste y asistía a las juntas, se hacía cargo de la lotería que le tocaba cada año y estaba dispuesto si se le requería.

Un día Antonio Navarro «El Tito», que era secretario y tesorero, le comenta que en la Comisión de Fiestas del Ayuntamiento le han pedido los reglamentos de la Comparsa y que no los encuentra y por lo tanto hay que hacerlos nuevos, y que si él quería preparar éstos, a lo que accede sin más, los realiza, se los devuelven del Ayuntamiento, los reforma y tras pasar el «visto bueno» de una Asamblea éstos se aprueban definitivamente.

Muy volcado debió ver Antonio «El Tito» a esta persona o muy difícil debía ser encontrar a alguien que quisiera ser presidente, que le propone ser presidente y él acepta. Suponemos que ni siquiera lo votaron, debió de bastar que nadie se opusiera.

Uno de los primeros líos que tuvo que afrontar es lo que proponían un grupo de jóvenes que pretendían que desapareciera la mochila, delantal, pico y pluma, y salir con el traje con capa verde, que por aquellos años llegaron a ser más numerosos que los que iban con mochila; a lo que éste se opuso rotundamente, argumentando que el traje era muy antiguo y eso no se podía cambiar porque un grupo de festeros quisieran.

También recuerda que el día 3 de Septiembre, en el local que entonces tenía la Comparsa en la calle de Los Dátiles —en lo que hemos conocido como el Bar de los Moros Viejos, hoy calle Juan Chaumel— y habiendo pagado la factura de las pastas de fiestas, le presentaron una segunda factura y pidiendo explicaciones de ésto le dicen que los socios protectores que iban allí a jugar a las cartas se las habían comido, y éste enfadado se encaró con algunos de estos socios a lo que algunos de ellos le respondió «que si pagaban era para algo», a lo que éste replicó que «al que no le interesara que se diera de baja, pero que esto se había acabado», y por lo visto hubo varias bajas.

También hay una anécdota curiosa sobre La Mahoma. Y es que cuando la traían de Biar, los que iban siempre volvían «alegres», y ese año les dio por meterle por la boca pastas, un trago de vino, un rollo y no sabemos cuántas cosas más, una vez en Villena la llevaban a casa de algún moro viejo que tuviese pajar hasta el día 6 de Septiembre a la Embajada; llega este día y van a sacar a La Mahoma, cada uno la coje por un lado, y uno la coje de la cabeza, y en aquel momento empiezan a salir ratas por la boca causando el normal asco e impresión entre los asistentes.

Las noches de fiestas también eran animadas, ya que la misma banda de música que tocaba en los desfiles durante el día, se turnaba para que un grupo animara un baile por las noches, que nos recuerda que ese año se tocó en la casa de Ramón Navarro «El Parao», en la calle San Román.

En estos años habían unos 110 socios, de los cuales salían 41 moros, 2 de ellos haciendo la mili. 16 músicos siguen yendo a casa de festeros y el resto a «La Posada».

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